Jue. Dic 3rd, 2020

PERIODISMO BAJO FALDAS DE LOS POLITICOS


Por: Lafitte Fernández

Una buena parte del periodismo salvadoreño cometió un disparate y algunos todavía no miden la herencia de lo que hicieron.

El error que han cometido esos periodistas (algunos de ellos los tomo como amigos) es que se metieron bajo las faldas de políticos.

De esa forma se convirtieron en correas de transmisión de intereses políticos y partidarios. Eso acabó en una misión desagradable que ni la ironía puede salvar.

Lo que narro sucedió cuando periodistas salvadoreños cometieron el error garrafal de acudir a una comisión investigadora de la Asamblea Legislativa a narrar sus tensas relaciones con el Poder Ejecutivo.

El problema no fue denunciar. El lío fue hacerlo y prestarse a la porfiada posición de diputados que son parte de un juego político que tiene a El Salvador, desde hace rato, en medio de un enfrentamiento de grupos, antagonismos
y controversias inacabadas.

Hace rato no escribo sobre El Salvador. Empiezo por reconocer que las tensiones entre algunos periodistas y el Presidente Nayib Bukele son agrias y dignas de análisis.

El problema, sin embargo, es que los salvadoreños no son tarados. Saben distinguir cuando el periodismo se presta para protagonizar papeles ásperos que no le corresponden.

Los lectores saben que algunos dolores no son mudos. Desinteresados.

En ese país todos saben que buena parte de los principales problemas salvadoreños nacen de las diferencias entre el Poder Ejecutivo, que no eligió un solo diputado, y la unión entre ARENA y el FMLN, la derecha y la izquierda, que buscan cualquier combustión para drenar el oficialismo.

Sospecho que guiados por políticos con máscaras de comunicadores, algunos directores de medios de comunicación, se aliaron con diputados y se prestaron para linchar al Poder Ejecutivo por el manejo de la Libertad de Expresión.

La jugaba fue hecha por cabezas con melenas tan cortas que hasta separaron los papeles: embaucaron a medios no tradicionales para que fueran a testificar. A los tradicionales los alejaron del porrazo ritual. Hasta le asociación de periodistas cayó en la trampa.

El mayor error de todo eso es que el periodismo no midió, o no quiso medir, que tomaría partido al lado de juzgadores parciales y que, de paso, el poder político lo pondría a asumir un feo espectáculo.

El periodismo salvadoreño no debe aceptar atropellos de nadie. Pero tampoco debe olvidar que son los políticos quienes necesitan el periodismo.

Para defenderse, el periodismo tiene muchas opciones que no dan escalofríos como los que algunos provocaron con ese juego en el que se metieron bajo las faldas de los políticos.

El periodismo puede encontrar trincheras de defensas en el derecho local o internacional como la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Me cansaría de mencionar trincheras de combate.

Pero se equivocaron. Se metieron en juegos inescrupulosos del poder. Y no se necesitaba tener mucha lucidez mental para saber donde no debía meterse el periodismo.

Creo que algunos directores lo hicieron adrede. No era posible desconocer que a esos medios los llevaron a declarar , y a presentar sus quejas, a una comisión de control político. A un conciliábulo de políticos. No a un consejo de cardenales nombrados por el Vaticano.

Muchas veces, en El Salvador, cuando arreciaban los problemas de los periodistas, se le pidió a medios de comunicación que participaran en la formación de comisiones investigadoras. Siempre me negué a hacerlo. Siempre combatí esa trampa de políticos.

Lo que le corresponde al periodismo es auditar a los políticos. No ser actor de las peleas y sus egoísmos parados en primera línea. El periodismo debe ser un intermediario justo. Activistas no. Y esto último es lo que acaba de ocurrir.

Lo peor es que el papel fue demasiado evidente. Y todos sabemos que los políticos siempre han querido tener a los periodistas e intelectuales de su lado.

La diferencia es que lo que pasó en El Salvador no ha sucedido en ningún Congreso de democracias de vanguardia de el planeta.

El periodismo debe dar sus luchas en horarios para gente estoica y equilibrada. No debe pararse del lado oscuro de la historia. Eso lo único que provoca es la pérdida de estatura y cólicos morales.